El embarazo no es para adolescentes

Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la sociedad actual, específicamente la generación más joven, es el embarazo precoz. Problema al que se le ha tratado de dar solución, pero parece que es peor el remedio que la enfermedad.

Los individuos, en su condición de seres humanos, presentan un crecimiento rápido en su evolución, pasando por diferentes fases. Una de ellas es la adolescencia.

El término adolescencia proviene del verbo latino adolecere, que significa crecer, avanzar, desarrollarse, hacerse fuerte. Constituye el primer paso hacia la vida adulta; y en el caso específico de la mujer, implica su rol en la sociedad como esposa y madre.

Según los muchos estudios que se han realizado, a lo largo de las últimas décadas, es una etapa de grandes y acelerados cambios físicos. Es un período de transición entre la infancia y la edad adulta; comienza con la pubertad y se extiende desde los 13 o 14 años hasta los 18 años en la mujer y desde los 13 o 14 años hasta los 20 años, aproximadamente, en los hombres; donde inciden en su desarrollo el entorno sociocultural, geográfico, climático, ambiental y procesos psicológicos, entre otros.

Los cambios físicos en las niñas la convierten en una adulta con la capacidad de reproducción sexual. Eso no significa, sin embargo, que la niña esté preparada para ser madre.

Para las adolescentes, las consecuencias negativas, a largo plazo, del embarazo pueden provocar un impacto (no siempre bueno) sobre la salud y el crecimiento del niño. Además, modifica completamente el desarrollo personal y la vida futura de la propia adolescente; sin detenernos en el efecto negativo a la economía familiar de la madre.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado el embarazo precoz como una de las prioridades en la atención a la mujer, ya que repercute tanto en la salud de la madre como en la del niño.

Según los expertos, la edad más apropiada para ser madre es entre los 20 y los 35 años, ya que el riesgo para la salud de ambos es menor. La mujer no está preparada ni física ni mentalmente para tener un bebé y asumir la responsabilidad de la maternidad a tan temprana edad.

Entre los muchos riesgos a los que se expone una madre adolescente se encuentran los cuadros de mala nutrición, con carencia de nutrientes esenciales para el buen desarrollo del bebé, el aborto espontáneo, el parto prematuro (hay un gran número de bebés de adolescentes que nacen antes de la semana 37 de gestación), el bajo peso de los bebés al nacer. En el caso de las niñas menores de 15 años, el bebé tiene más posibilidades de nacer con malformaciones.

También se dan las complicaciones psicológicas para la adolescente embarazada. Por lo general existe el miedo a ser rechazadas socialmente: la joven se siente criticada por su entorno y tiende a aislarse de su grupo de amigos.

Por otro lado no quieren asumir la responsabilidad materna, por lo que rechazan al bebé. Para algunas, esto también las hace sentirse culpables, tristes. Su autoestima baja.

Sin contar el problema que el embarazo ocasiona a la familia de la joven, que no siempre está de acuerdo, y provoca fuertes conflictos, e incluso rechazo dentro del seno familiar.

La OMS recomienda para evitar el embarazo en la adolescencia: limitar el matrimonio antes de los 18 años, aumentar el uso de anticonceptivos para los adolescentes, y apoyar los programas de prevención de embarazos en la adolescencia.

En cualquier caso, la mejor prevención es que los jóvenes tengan una buena educación sexual desde la misma base familiar.

Ésta es una etapa de desarrollo que implica grandes cambios físicos conjuntamente con conflictos psicosociales y de redefinición personal. Sin embargo, se sabe que el embarazo en la adolescente está asociado, además, con otras conductas antisociales, como el uso excesivo de drogas y el alcohol.

Son múltiples los factores conductuales que incrementan el riesgo de embarazo en adolescentes; a menudo, los jóvenes tienen ideas vagas y distorsionadas acerca de la sexualidad y no esperan que una relación termine en un embarazo; son impulsivos y no actúan de forma planeada, como los adultos. Buscar y obtener asesoría, consejo y servicios en materia de salud sexual y reproductiva se torna muy difícil para una adolescente sin experiencia.

Es por eso que no bastan las charlas, o el apoyo de la familia y la sociedad. Se hace necesario que se tomen medidas que reduzcan, gradualmente, el riesgo de que una adolescente salga embarazada.

En ese sentido, también es necesario el apoyo de las escuelas y centros de salud. No es solo dar explicaciones a los más jóvenes. No es solo hacer uso de anticonceptivos. Urge que exista comunicación y retroalimentación entre todos los factores de la sociedad.

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