Elvira Skourtis, del sueño a la poesía

No soy bueno con los calendarios pero siempre hay un ángel, y no para un final, que me susurra: cuarto sábado del mes, peña Del sueño a la poesía con la maestra Elvira Skourtis.

Salvada mi vocación de noctámbulo en la hora 10:00 pm en que la noche comienza a germinar. Era sábado 24 de febrero y me perdía entre los alaridos de la noche tunera.

Llegar a la Casa del Joven Creador, sede de  la Asociación Hermanos Saiz en Las Tunas, es siempre un privilegio porque como diría Silvio Rodríguez “el amor que junta, es más constante.” Una de sus letras da nombre a la peña.

La galería Guernica con una muestra fotográfica de Yunior Fernández y Yahiron Villalobo, abrió sus puertas y los taburetes colmaron su espacio con jóvenes y adultos  ávidos de seis tiranos acertijos para el oído más sensible.

Elvira comenzó con una pieza instrumental y como caracteriza a su espacio, lo dedica en cada jornada a un compositor de la trova cubana. Esta vez Liuba María Hevía, “una criatura que toca con la mirada y el corazón la realidad” (la compositora Martha Valdés no me dejará mentir) fue la escogida y comenzaron a desgranarse sus canciones.

La singularidad de Mónica Miranda arropó Si me falta tu sonrisa, desde ese legado paternal y su manera de decir.

El trovador Daniel Velázquez “El gato” hizo suyas El despertar y Estela, granito de canela, coautorías de Ada Elba Pérez y Liuba. La guitarra de Elvira nos hizo tararear, cual niños, esas letras.

El sentirse en casa, en la casa solar soñada por el Apóstol, le permite a Elvira interpretar algún tema, desde esa voz suya que se parece a su guitarra. Antes que nazca el día, nos llevó a El balcón de los helechos, telenovela cubana.

El oficio de enseñar, es siempre inacabable en ella. Allí estuvieron sus alumnos. Dianela Frutos, estudiante de nivel medio de guitarra, nos advirtió que nos entregaría una pieza linda, y lo cumplió. Miguel Figueroa, de nivel medio de violín, ejecutó una diminuta obra protagonizada por una abeja, que revoleteó entre el auditorio.

Reconociendo cuánto la han nutrido la casa y sus trovadores, llegó Doreya, a pesar del asma. Pablo Milanés y Liuba deben de haber sentido su voz, espléndida y torrencial.

Elvira es una descubridora de diamantes, y por eso nos presentó a Dailena, quien ya había estado en le edición dedicada a Carlos Varela. En ella la timidez de quien está concluyendo el preuniversitario pero que sabe enamorar con la música. Ausencia y Con los hilos de la luna, encontraron candor en su garganta.

Esta es la maestra Elvira Skourtis, una mujer que sabe ir del sueño a la poesía, aún sabiendo que la vida, no alcanza.

PD: Casi al filo de la media noche, los participantes del Encuentro Nacional de Jóvenes Trovadores, auspiciado por la FEU, hicieron suya la plaza martiana.

Por Eddys Crespo Vargas

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Yoe Hernández González

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