El Mundo de Chuco

En las comunidades rurales de todo el país existen personajes que con su humor y desenfado caracterizan el paisaje campestre cubano.

Para los pobladores de Salgacero, en el municipio de Jesús Menéndez, Migdelio Gutiérrez es ya una figura indispensable que se ha convertido en referente cultural.

“Yo me llamo Migdelio, pero todo el mundo aquí me conoce por Chuco”, responde resuelto al preguntar por sus señas.

Chuco asegura que esa facilidad para hilvanar palabras es una especie de don heredado de sus ancestros.”Eso nació conmigo. Creo que la inspiración viene de mis abuelos que fueron poetas sin haber estudiado nunca. Yo amo la poesía y escribo de cualquier cosa que veo o que pasa a mi alrededor. Yo escribo desde hace rato y nunca he publicado nada”.

Migdelio trabajó toda su vida en la cooperativa local “Copo del Chato” y después por diez años se desempeñó como obrero en la presa de igual nombre. Después de retirarse y con algo más de tiempo ha perfeccionado el arte de componer.

“Hacen tiempo que estoy jubilado pero no retirado, retirado jamás. Yo amo a todos los poetas del país e idolatro a la décima cubana, aunque me adapto a cualquier cosa. Me encanta estar rodeado  de jóvenes pero igual me gustan las canciones de la década prodigiosa y soy fan de las canciones de Diango y Julio Iglesias.”

“Yo soy muy amigo de mis vecinos y cada vez que se arma cualquier fiesta me llaman para que participe y diga algunas décimas.”

Sobre el compromiso de Chuco no quedan dudas. “Mi pueblo y mi Patria son una fuente de inspiración, así que cuidado conmigo.”

Chuco asegura poseer más de 100 décimas de su autoría. Explica con desenvoltura que nunca ha publicado porque las atesora solo para él, aunque me consta que este campesino, de aspecto campechano y maneras simples, no escatima en regalarlas a la mujer hermosa que pasa por el camino u ofrecerlas al público en cuanto acto o celebración se realiza en su Salgacero natal.

Convertido en un verdadero juglar de su entorno, Chuco es dueño de un mundo mágico lleno de rimas y ensoñaciones. Sin saberlo ha logrado conjugar esa habilidad de componer décimas con un humor picaresco y desenfadado que brinda al espectador una acuarela costumbrista de su pueblo.

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Yoe Hernández González

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