La utilización del lenguaje con una finalidad persuasiva o estética además de comunicativa, caracterizó siempre la praxis discursiva de Fidel. En el ideario del líder histórico de la Revolución cubana emerge, como originalidad, que supo asumir las tradiciones patrias como instrumento educativo para la acción política y lo expresó manifiestamente en su oratoria.
De esta forma proyectó su pensamiento revolucionario, cuya trascendencia se demuestra en una visión nacional que contribuye a enriquecer su ejecutoria como estadista. Fidel usó la retórica como un conjunto de herramientas y estrategias como base ideológica del proceso revolucionario cubano, al aplicar las lecciones de la historia al quehacer contemporáneo.
El alegato en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada en 1953, seis años antes de la revolución: “La historia me absolverá”, no era un producto de su voluntad o deseo, sino de su capacidad de análisis riguroso de la sociedad cubana de su tiempo. Miles de militantes cubanos se formaron con ese texto para comprender el carácter que adoptaría la lucha para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista.
A través de su trayectoria como guía de la Revolución, el 16 de abril de 1961, Fidel se dirigió a una multitud en el Cementerio de Colón luego de que aviones piloteados por mercenarios, hubieran atacado a la población. Era la previa de la batalla de Playa Girón. Aquel día, en uno de los discursos más importantes de la historia de la isla, estableció un diálogo con ese pueblo que lo escuchaba atentamente, para llegar a una conclusión que cambiaría la historia latinoamericana y mundial: “Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”.
La urgencia ante las labores cotidianas lo obligó a utilizar como vía más expedita, el contacto directo y habitual para divulgar, con lenguaje sencillo, comprensible y directo, sobre el acontecer político e histórico de la nación, supeditando la posibilidad de utilizar complicados elementos teóricos o conceptuales, no asimilables para un pueblo que recién se había declarado libre de analfabetismo.
Esta estrategia de intercambio fue una aportación de su accionar político, pues en su oratoria afloran elementos que enriquecen su arte de hacer política y esa fue la esencia íntima de su obra de trasformación social a través del papel educativo de la historia. Asumió como principal originalidad, el saber universal, lo volcó hacia la acción política y lo expresó en su oratoria. De esta forma proyectó sus ideas revolucionarias, cuya trascendencia se demuestra, entre otras cosas, en que hay un ideario nacional que aspira a enfrentar los problemas actuales que deben ser examinados por todos aquellos preocupados por el futuro de la humanidad.
Al examinar el pensamiento nacionalista de carácter revolucionario, nos encontramos con un rasgo distintivo, su defensa de la independencia, tanto económica como política. Vemos en Cuba este ideario con José Martí, que no es el único, pero sí uno de los más preclaros precursores. Los pasos que guiaban a Fidel, estaban precedidos por la decisión martiana de conquistar la libertad o entregar la vida en el combate. Este es quizás el primer legado para las generaciones futuras, el de la lucha perpetua contra la opresión extranjera.

Fidel siempre tuvo presente la importancia de la comunicación en la batalla política y de ideas. Cuando todavía la guerrilla del Movimiento 26 de Julio peleaba en la Sierra Maestra, mandó a crear Radio Rebelde, que transmitía desde el “territorio libre de América” y combatía la propaganda de la dictadura. Al poco tiempo del triunfo de la Revolución, y viendo como las agencias internacionales difamaban y mentían abiertamente sobre lo que sucedía en la isla, se conformó Prensa Latina. La primera agencia de noticias desde y para la región.
Frei Betto, que lo entrevistó para escribir el famoso libro Fidel y la religión, describió su oratoria como “cordial” pero “en el sentido etimológico de la palabra”, ya que “es un hombre que habla desde el corazón y no desde la razón. Para el teólogo brasileño “solo puede usar ese tipo de discurso quien tiene una práctica, una vivencia positiva de la cual se puede partir, y Fidel es un hombre que tiene una experiencia histórica única”.
Por Robiel A. Proenza Hernández

