Hace cuatro años tuve la satisfacción de graduarme como Licenciada en Periodismo en la Universidad Ignacio Agramonte Loynaz de Camagüey. En septiembre de este año cumpliré también cuatro años de trabajo en Tunasvisión.
El periodismo es una de las profesiones más hermosas que puede ejercer el ser humano, especialmente en un país como el nuestro. Pero no todo es agradable. El periodismo, así de hermoso, también es difícil.
Darse de bruces contra muros (de todas clases y tamaños), enfrentar barreras, prácticas obsoletas, limitaciones de todo tipo, censuras y autocensuras, salario insuficiente, mentalidades renuentes al cambio, una escasa (casi nula) cultura de la comunicación de la sociedad, solo son la punta del iceberg.
Hay una palabra que define bien la labor reporteril, sacrificio. Solo el que ha trabajado en un medio de prensa sabe de las hazañas quijotescas que se hacen a diario para informar al pueblo.
El día a día de un periodista transcurre igual y diferente toda vez que su compromiso es requerido. Si Odiseo viviera en la actualidad, y fuera reportero, creo que preferiría quedarse en casa con Penélope. Y es que escribir requiere de arte y maña, a veces, a contrapelo de lo que el resto del mundo cree que es, o está correcto.
Vamos a sumar a eso que casi siempre parecen faltar los recursos materiales (y también humanos). Cuando estamos bien con el trasporte, falla la fuente de información. Cuando la fuente puede darte, sin tapujos, toda la información, el que falla es el transporte. O no hay computadora para escribir, o a la grabadora se le acabaron las pilas.
Si trabajas para una televisora, la cosa se complica, porque se trabaja en equipo. El periodista ya no comparte solo sus andanzas, también se suman a la proeza el camarógrafo, el editor y el chofer (si tenemos carro), y, a veces, se une al grupo un sonidista y un luminotécnico. Eso significa que, si una sola de esas personas no hace bien su trabajo, se echa a perder la información, sin vuelta atrás.
Ah, casi lo olvido. Muy importante, si no tienes vía de conexión a Internet, casi que trabajas por gusto.
Ahora con el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la carrera por llevar la información al resto de mundo, responsablemente, se ha vuelto más intensa.
Estamos en la era donde cada minúscula cosa que ocurre en el mundo, en la comunidad, en el barrio, en la casa del vecino, se conoce con solo apretar una tecla; sin importar si es cierto o falso lo que se publica, o si el sujeto u objeto de la publicación está de acuerdo con su imagen pública navegando en Internet.
El Quijote enfrentó “gigantes”, nosotros enfrentamos la sociedad, un reto aún mayor, por aquello de que “nunca se queda bien, ni con Dios ni con el Diablo”.
Solo los reporteros son conscientes de las horas en vela, la ansiedad y preocupación que causa reflejar la realidad inquieta de la sociedad en una hoja de papel, a través del sonido o de la imagen, fija o en movimiento. Lo más sorprendente de todo es que casi siempre tiene uno más preguntas que respuestas.
Sin embargo, a pesar de los pesares, el resultado final vale las horas de cansancio, los días sin dormir, los recursos que nos faltan (que no son pocos). Vale la pena el sacrificio porque sabemos que la gente, nuestro pueblo, nos lee, nos escucha y nos ve. Vale la pena porque, al final del día, somos la mejor defensa de nuestra nación.


Un buen comentario, Lianne. Hiciste una radiografía del ejercicio de nuestra profesión en estos difíciles tiempos, donde, para muchos, no resulta nada tentador ser periodista. Pero fue lo que elegimos hacer, y, en medio de los obstáculos y de las incomprensiones (abundantes en ambos casos), no tenemos otra que continuar adelante.