¡Cuidado!, bebés frente al televisor

Con casi tres años Beatriz no pronunciaba palabra alguna. Sus padres estaban muy preocupados porque ante sus preguntas y estimulaciones, ella solo respondía con sonidos y señales. La situación los obligó a asistir a la consulta de un sicólogo infantil.

El especialista les explicó que la pequeña no podía estar la mayor parte de su tiempo frente a la pantalla del televisor. Como la niña se quedaba quieta al ver los muñes, sus papás no advirtieron que esta decisión podía dañar a Beatriz.

Y es que según el Grupo Nacional de Psiquiatría Infantil del Ministerio de Salud Pública, el uso precoz y excesivo de la televisión puede ocasionar daños irreversibles a la salud mental de niños y niñas menores de tres años. Las afectaciones que ello origina son, en orden de gravedad, déficit de atención, dificultades del desarrollo del lenguaje y un trastorno del espectro autista al que se ha llamado “autismo sobreimpuesto”. Este último, se valora actualmente como un suceso de gran interés.

consumo audiovisual A estas complicaciones se suman la pérdida de sueño, las pesadillas y dificultades con el aprendizaje que corresponde a cada edad. Y alerto, no es que los pequeños no puedan disfrutar de la televisión, sino escoger los programas adecuados, los horarios, y limitar a menos de dos horas al día el tiempo de consumo audiovisual.

Los dibujos animados captan la atención de los bebés pero no producen los estímulos indispensables para su correcto crecimiento. Por ello si los niños se notan distraídos y confundidos, se le debe suspender de forma rápida este tipo de actividad para lograr su recuperación, y si permanecen los síntomas pues acudir de inmediato a una consulta de sicología infantil para evitar el autismo sobreimpuesto.

Resulta imprescindible además que siempre que se pueda los padres acompañen a los pequeños en el proceso de consumo de audiovisuales para que puedan aclarar sus dudas.
Además, las nuevas tecnologías no se pueden convertir en un pretexto para que los mayores puedan realizar las tareas del hogar u otras actividades. Lo bueno de la televisión es que estimula la concentración y ello ayuda a que los niños se preparen de una mejor manera para la etapa de escolarización.

Los programas de TV no pueden sustituir el rol instructivo de la familia que es esencial en la formación de los seres humanos.

Otra situación compleja es que cuando los infantes poseen más de cinco años, muchos padres por sobreprotección los enclaustran en la sala o el cuarto de la vivienda, frente al televisor, en aras de evitar que salgan de casa.

Pero resulta que el juego con otros niños de su misma edad propicia el desarrollo social de los pequeños de casa y los prepara para la vida. Como reza el popular refrán, todos los excesos son malos. Los padres deben mantenerse alertas e informarse para evitar cualquier daño que pueda provocar el exceso de consumo audiovisual en sus hijos, un mal que ya es habitual en el siglo XXI.

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