Cuatro décadas de entrega al arte

El sistema de Casas de Cultura en Cuba ya cumplió cuarenta años. Fue en 1978 cuando tomó forma concreta esta aspiración antigua de dotar a las comunidades de una institución que contribuyera a encaminar las inquietudes artísticas de sus moradores.

En aquel entonces el Ministerio de Cultura, dirigido por Armando Hart Dávalos, fue el artífice de este proyecto que propiciaba la existencia en el seno de la sociedad de entidades que se ponían a disposición de los más sencillos ciudadanos con aspiraciones de incursionar en las disímiles manifestaciones del arte.

Así, de la mano de un ser vital y protagonista de este empeño, el instructor de arte, se comenzaron a hacer realidad los sueños de muchos cubanos de familiarizarse con manifestaciones como la música, el teatro, la danza y las diferentes expresiones de la plástica.

No importaba la edad, podían ser niños o adultos, lo primordial era la vocación y paulatinamente se fomentó un gran movimiento de aficionados que se mostró en todo su esplendor en la década del 80 del pasado siglo.

En todos los municipios cubanos existía, al menos, una Casa de Cultura, pues en consonancia con la extensión del territorio y su densidad poblacional podía haber más una institución de este tipo en determinado lugar.

De esta manera, el talento que a veces pasa desapercibido en un barrio urbano o rural se descubría y se encauzaba en las Casas de Cultura. En la oriental ciudad de Las Tunas, por ejemplo, muchos fueron adiestrados por Orlando Matos, en el mundo de la danz; Argelio Puig, en el de la Música o Elizabeth Borrero, en el ámbito escénico, por solo citar tres ejemplos de relevantes instructores de arte.

Cuando se les pregunta a seres como ellos por la huella de estas cuatro décadas de entrega, responden que a pesar de haber sido una empresa difícil es fuente de satisfacción, al haber aportado al anhelo de tornar más plenos a cientos de seres humanos.

De las Casas de Cultura han salido formados muchos artistas. Son creadores que han transitado del contexto de la afición al de la profesionalidad; pero lo esencial verdaderamente, ha sido la contribución a que incontables hombres y mujeres sean capaces de apreciar el arte desde una perspectiva más profunda.

En fin, las Casas de Cultura han hecho de Cuba un país más cercano al arte, desde el momento en punto en que permite que esta sea accesible para todas y todos en cualquier punto de nuestra geografía nacional.

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Anybis Labarta García

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