Contrarrestar la desertificación y la sequía

La naturaleza está cansada. Las consecuencias del cambio climático se hacen visibles en todos los continentes del Planeta Tierra.

Los suelos son cada vez más menos productivos, los océanos incrementan su nivel, los glaciares se descongelan, se pierden los bosques y los fenómenos hidrometeorológicos son cada vez más intensos.

Hoy se celebra en todo el orbe el Día Mundial Contra la Desertificación y la Sequía, un mal que agobia al mundo. Los retos ambientales se multiplican en busca de soluciones oportunas para evitar males mayores.

La desertificación es un proceso de degradación ecológica en el que el suelo fértil pierde su potencial productivo como resultado de la destrucción de la cubierta vegetal, la erosión, la salinización de las tierras, la falta de agua, entre otros factores.

Mientras, la sequía es considerada una anomalía climatológica en la que la disponibilidad de agua está por debajo de lo habitual en una determinada área geográfica, no siendo el agua suficiente para abastecer a los seres vivos de su entorno.

Por ello esta  problemática representa una amenaza latente porque posibilita el deterioro de las condiciones de vida de comunidades enteras.

Cuba, según publicaciones especializadas, posee un índice de boscosidad de un 31 por ciento. Se destinan cuantiosos recursos para la protección de suelos, bosques y paisajes, y se adoptan estrategias oportunas para el enfrentamiento a la sequía desde cada territorio.

Las proyecciones del país son, unido al proyecto alemán Bonn Challange, lograr la reforestación de 465 mil hectáreas de bosques hasta el año 2030. Así se contribuiría sobremanera a la restauración de los suelos degradados y a la protección de las costas mediante acciones como la siembra de manglares y un mejor y mayor manejo de las cuencas hidrográficas.

Cada 17 de junio es solo un pretexto para el enfrentamiento a la desertificación y la sequía. Se necesita que en toda la Isla se roten los cultivos, se ahorre el agua, se siembre una planta en cada centro de trabajo y comunidad para evitar el incremento de las consecuencias del flagelo.

Este es, sin duda, un asunto bien serio cuando trabajamos para lograr la soberanía alimentaria en cada municipio para ahorrarle a la nación millones de dólares y contribuir con la economía nacional.

Poner nuestro granito de arena es un deber para así garantizar un futuro saludable y un medioambiente sano para nuestros hijos y nietos. Ese es el más lindo regalo y empeño que la naturaleza pide de nosotros.

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Gianny López Brito

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