Conductas ciudadanas responsables, un imperativo en centros hospitalarios

En centros hospitalarios cubanos es un imperativo adecuar las conductas ciudadanas, en función de una mejor asistencia médicas. No siempre en la balanza, las culpas llegan al suelo. Una mirada al tema permite compartir criterios.

“Es lamentable lo que lo que ocurre en el hospital. Un centro hospitalario, creo yo, ha de ser una fragua de conductas correctas, pero no es así en realidad. Las personas que venimos aquí no estamos bien acostumbrados a que hay que hablar en voz baja, adecuar nuestros comportamientos al momento; entramos y ni siquiera damos los buenos días”, expone Margarita Céspedes, usuaria del hospital.

“Las personas vienen con aliento etílico, en chancletas, se comporta de manera desagradable, molestando a los demás pacientes. Estas conductas le restan, incluso, prestigio a la instalación, si son aprobadas así y no se combaten por parte de quienes tienen sobre sí esa responsabilidad institucionalmente”, acota Blanca Milanés, paciente.

“En aras del reordenamiento de los servicios y el buen flujo dentro del hospital, cada ciudadano ha de tener una conducta adecuada, saber dónde se dirige y con quién va a ser atendido”, comparte Ángel Enrique Ávila, otro paciente.

“Las enfermeras atienden a los pacientes con uñas largas, con prendas y eso no está permitido, no está en las normas sanitarias, ni hospitalarias”, reflexiona  Galia Gómez.

Entre las violaciones más reiteradas en centros hospitalarios está la interrupción continua en consultas médicas, un espacio que, a juicio de una de nuestras entrevistadas, ha de respetarse como templo. Dentro está una persona en calidad de paciente que expone las dolencias más íntimas a su médico.

¿Y qué piensan quienes prestan los servicios asistenciales?

“El pase de visita, el interrogatorio, el examen físico a un paciente ha de ser íntegramente respetado, ha de ser  un acto lo más reservado posible. Y, muchas veces, así no se cumple por los malos comportamientos ciudadanos de interrupciones en momentos inadecuados”, aclara el médico Francis Gilbó.

“Los pacientes, a veces, se nos vuelven impacientes  y esto dificulta nuestro trabajo en función de las personas que tenemos citadas para atenderlos en una jornada médica”, añade la oftalmóloga Kelina Arada.

“Si tuviéramos una mejor cultura sobre comportamientos cívicos y se comprendiera que cada lugar tiene una forma de comportarse, fuera mejor para todos, para el médico y para el paciente”, dice el doctor Armando Batista.

Se dificulta el diagnóstico, se dificulta la recolección de datos médicos y tales actos conllevan a un maltrato al paciente. Así coinciden usuarios de la instalación médica y trabajadores en prestación de servicios.

Cientos de personas transitan por el Hospital General Docente  Dr. Ernesto Guevara de la Serna. De él, muchos desconocen el reglamento de la institución asistencial. Es este, probablemente, una de las causas principales de las indisciplinas sociales que allí persisten.

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Natasha Díaz Bardón

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