Cerrar las llaves

Nunca creí ver a mi mamá agarrar un azadón en las manos, su condición física no se lo permite. Sin embargo, la realidad se impuso. La razón, muy sencilla, el vecino del fondo de mi casa dejó abierta una llave de paso de agua. Faltó poco para una inundación, por lo que mi mamá, en su carácter tozudo, cogió la herramienta en sus manos y trató de abrir una zanja. De esa forma el agua corrió, o al menos lo intentó.

Lo cierto es que esta no es la primera vez que ocurre este tipo de descuido. Y estoy segura que no es a mi familia a la única que le suceden hechos “casuales” como estos. Lo que más molesta del asunto no es el tema de la “inundación”, sino el agua desperdiciada en el proceso.

Y no nos equivoquemos pensando que es un accidente, porque no lo es. El olvido, el descuido, entretenerse en otras cosas solo son sinónimo de negligencia.  No creo que el mundo en que vivimos actualmente tenga la necesidad de desperdiciar un recurso tan valioso como el agua.

Solo hay que pensar que los seres humanos estamos compuestos por un 70% de agua, la cual ayuda a regular la temperatura, transportar nutrientes y eliminar sustancias que no le sirven al cuerpo. Eso significa que se debe consumir, mínimo, dos  litros de agua diario.

Según el último informe demográfico de las Naciones Unidas, en el año 2017, la cifra de personas en el mundo ascendía a más de 7 550 millones de personas. Yo no soy muy buena en matemáticas pero 2  por 7 550 millones…., bueno, no creo que haya suficiente agua en La Tierra para abastecer a todos.

Aunque el agua es el recurso más abundante del planeta, sólo el 3% es dulce. Lo que más sorprende es que de ese insignificante porcentaje, aproximadamente, el 1% es potable.

En Cuba, los recursos hídricos principales dependen de las precipitaciones periódicas. Las Tunas, específicamente, tiene un promedio anual de más de 1000 milímetros, uno de los más bajo del país. A eso se le suma una  infraestructura hidráulica insuficiente para enfrentar impactos del cambio climático, que actualmente son más intenso, y las deficiencias en la cobertura de servicios de agua potable a la población.

Sin embargo, conociendo las estadísticas, seguimos derrochándola. Lo que me lleva a la pregunta del millón ¿Por qué? ¿Por qué seguimos gastándola?

Acaso saben esos, que en su descuido dejan la llavecita abierta, que más de 1.100 millones de personas en el mundo no tiene acceso directo a fuentes de agua potable. O que unos 1.400 niños menores de cinco años mueren a diario, víctimas de enfermedades diarreicas relacionadas con la falta de acceso al agua para beber, saneamiento adecuado e higiene. No lo creo. De saberlo tendrían la decencia de no dejar escapar ni una sola gota.

Por supuesto, no todo es culpa de la negligencia humana… Aunque pensándolo mejor, sí lo es. Contaminación ambiental, calentamiento global, cambio climático, todo se deriva de lo mismo, la explotación por siglos, siglos y más siglos de los recursos naturales por el ser humano.

Se nos acaba el tiempo pero nadie parece notarlo. Estamos más absortos en el presente que en el futuro del mundo donde vivimos. Es hora de cerrar las llaves de paso.

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