Derroche de cubanía devino el Festival de Música Popular “Barbarito Diez” que se celebró en Las Tunas y Manatí en los últimos días.
Justamente al norteño municipio de Manatí, otrora próspero central azucarero, vino a vivir en su más temprana infancia el llamado Príncipe del Danzón, allá por el año 1913 cuando solo llevaba un año de explotación el ingenio de marras.
Entre lugareños y emigrantes de varias nacionalidades, atraídos por el auge de la industria de la caña, creció Barbarito y su vocación se perfiló imperturbable hacia el canto, aupado por sus coterráneos que lo apoyaron en su empeño de triunfar.
Así marchó a La Habana en su juventud y en la capital se destacó, primero con la orquesta de Graciano Gómez y más tarde con la Antonio María Romeu. Se abría de esta forma un camino de gloria para el niño que creció en Manatí y se convirtió con el tiempo en la Voz de Oro del Danzón.
Es por todo ello que hace trece años se honra a esta figura del olimpo musical cubano en los predios donde vivió y hasta aquí llegan artistas de diversas partes del país para defender la música cubana, de la mano del presidente del certamen, Pablo Diez, hijo de Barbarito y director de la orquesta que lleva su nombre.
Precisamente este año la agrupación llega a su aniversario 50 y en el Festival de Música Popular volvió a ser protagonista del evento y a contar con la guía del Premio Nacional de Televisión, José Ramón Artigas, en la dirección de todos los espectáculos artísticos.
La mayoría de los arreglos musicales del certamen corrieron a cargo del maestro Miguel Patterson, también Premio Nacional de Televisión. Bajo su batuta se unieron las orquestas “Barbarito Diez” y “Cuba clamé” de Las Tunas, agrupación danzonera dirigida por la joven maestra Ana Irma Pérez Perelló.
Autores como Pepé Delgado, Carlos Puebla y Leopoldo Ulloa fueron homenajeados en la ocasión y se destacaron desempeños virtuosos como el de Sandra Orce y el grupo vocal Ancore.
La cantante Heidy Chapmán propuso instantes muy cadenciosos al auditorio que apreció como momento más emotivo del festival el de la entrega de la distinción Barbarito Diez al Maestro Artigas.
La identidad cultural de la nación es la gran ganadora de eventos como este, a cuyo término se aprecia un saldo positivo para nuestros ritmos tradicionales y populares. Otro tanto a favor de la auténtica música cubana.
Por Anybis Labarta García

