Ayúdales a vivir

Parece incierto pero lamentablemente es una triste realidad. En pleno siglo XXI, en la era de la digitalización, del apogeo de la ciencia y de las nuevas tecnologías, existen personas que ante el miedo de contraer el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), manifiestan rechazo hacia los portadores del padecimiento.

¿Acaso las virtudes y los sentimientos de cualquier ser humano disminuyen al ser diagnosticados como seropositivos? Lo cierto es que diversas y muy dolorosas son las formas de discriminación hacia las personas con VIH cuando nadie está exento del riesgo de contagio.

Por ello, aunque mucho se ha hablado sobre el tema, resulta necesario señalar que el virus no se transmite ni por la saliva, el sudor o las lágrimas; solo es transportado por fluidos corporales como los vaginales, el semen, la leche materna y la sangre, mientras que la piel sana funciona como protección natural.

Sin embargo, a pesar de todo lo hecho en materia publicitaria y de prevención, los prejuicios y la discriminación, incluso desde contextos tan cercanos como el familiar o el laboral continúan cuando nadie tiene el derecho de asumir una actitud tan reprochable porque la enfermedad no distingue entre razas o niveles culturales, solo un mínimo descuido puede provocarla.

La principal vía de contagio continúa siendo la sexual, por no usar el preservativo, considerado como el método más eficaz para protegerse.

En Cuba se trabaja, desde el reporte de los primeros casos en 1986, por asegurar a los diagnosticados con VIH la posibilidad de llevar una vida saludable. Aún no se ha encontrado una cura, pero los esfuerzos son muchos en aras de conseguir cargas virales indetectables en más del 90 por ciento de los pacientes para así reducir los fallecimientos por SIDA, pero en ese empeño la familia y la sociedad en general desempeñan un rol protagónico.

Para un portador de un virus como el VIH resulta muy complejo, desde el diagnóstico positivo, enfrentar el deterioro de su salud emocional porque las culpas y los miedos son inevitables.

Aunque en nuestro país se garantiza un tratamiento integral para que la enfermedad no sea sinónimo de final de la existencia, la vida cambia. Entonces para que no mueran sus sueños ellos necesitan apoyo, bienestar, comprensión y mucho afecto.

Recuerde: las personas con VIH/ SIDA, esas que apuestan por la responsabilidad y son incapaces de sumar nuevos casos, necesitan sonreír y el sostén de quienes los rodean es imprescindible.

Si alguien cercano a usted es seropositivo no lo rechace, ofrézcale su mano amiga. Entregarles amor de buena fe, es la única manera de ayudarlos a vivir.

 

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Gianny López Brito

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