Aprender jugando

La adivinanza no es solo un medio de jugar o entretenerse sino también desarrolla el ingenio, incentiva la memoria y el interés por la cultura; amplía el lenguaje, despierta la imaginación y motiva el sentido de creación artística.

La editorial Gente Nueva, en noviembre de 2017, en una tirada de 8000 ejemplares, publicó El libro de las adivinanzas destinado a los niños mayores de cinco años. Los tuneros tuvimos la oportunidad de acceder a él en la Feria del Libro el pasado mes de abril. Muy bien lo hubieran podido llamar Cien adivinanzas porque, aunque es un texto de pequeño formato, logró contener cien acertijos intercalados con ilustraciones que invitan a colorear.

Animales, elementos del clima o el paisaje, alimentos, partes del cuerpo humano, letras, personajes de los cuentos infantiles juegan, se esconden detrás de las letras. Algunas son fáciles de adivinar pero, la mayoría son un verdadero reto intelectual, aún para los niños más grandes. Todo indica que son una recopilación porque no aparecen autores específicos.

Alto, alto, gran caballero
Gorro de grana
Capa dorada
Y espuela de acero.     El gallo

Hablo y no pienso
Lloro y no siento
Rio sin razón
Y miento sin intención.   El loro

El ritmo hace de muchas estrofas un elemento lúdico:

Salta y salta por los montes
Usa las patas de atrás
Su nombre ya te lo ha dicho
Fíjate y lo verás.
 El saltamonte

Los niños siempre han sido amantes de las adivinanzas y estas desarrollan su intelecto e imaginación, la búsqueda de conocimientos,  la comprensión oral y escrita así como el vocabulario. Las adivinanzas se utilizan para estimular didácticamente  a los infantes, alcanzar premios en un cumpleaños quien acierte o simplemente para disfrutar en casa de una sana competencia familiar.

La adivinanza, generalmente, es breve, rítmica, alegre y ofrece pistas. Algunas respuestas son conocidas, que atraviesan de generación en generación, pero aparecen otras nuevas que nos sorprenden muchas veces y nos inspiran a crear.

Si hiciéramos un paralelismo entre la escritura y la cocina podríamos calificar las adivinanzas como la sal  pues sazonan, estimulan y divierten. En mi caso jugando con El libro de las adivinanzas me reí muchísimo pues sin ton ni son aparecieron un canguro, un pez gato, y hasta un cigarro como respuestas en donde  en verdad debió ir un saltamonte, un murciélago y una rana. Claro en este escenario de diversión no podía faltar el chocolate.

Choco entre dos paredes
Late mi corazón
Quien no sepa mi nombre
Es un cabezón.
El chocolate

Confieso que extrañé aquella típica adivinanza que cualquier cubano adivinaría: Alto alto como un pino pesa menos que un comino.  Ojala´ siempre nos acompañen estos desafíos al intelecto que alientan en nosotros es hermosa sed infantil de conocer y acertar.

 

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