Al Bardo de las décimas cubanas

Jornada Cucalambeana

En pocas horas culminará la gran fiesta del campesinado cubano que cada año reúne a artistas de todo el país y del panorama internacional. Concluirá toda una jornada de buenas décimas y tonadas al compás de la música y la danza, reverencia al ilustre poeta, el Cucalambé. Los tuneros despedimos con júbilo la 50 edición de la Jornada Cucalambeana, evento que nos enorgullece e identifica por tradición. Y para el bardo de las décimas cubanas el mejor de los homenajes evocándolo con uno de sus tantos y célebres poemas.

“Con un cocuyo en la mano
Y un gran tabaco en la boca,
Un indio, desde una roca,
Miraba al cielo cubano.
La noche, el monte y el llano
Con su negro manto viste,
Del viento al ligero embiste
Tiemblan el monte y las brumas,
Y susurran las yagrumas
Mientras él suspira triste”.

Así reflejó Juan Cristóbal Nápoles Fajardo ese lejano y perdido antepasado que fue el indio. En reiteradas ocasiones lo hizo volver de las sombras para adueñarse de un mundo donde España no existía, para colocarlo en el entorno de un paisaje totalmente diferente al de la península.

Este insigne escritor tunero publicó sus primeras décimas en el periódico El Fanal de Puerto Príncipe, actual ciudad de Camagüey en el año 1845. Luego, estas creaciones formaron parte de la colección de textos de Rumores del Hórmigo en 1856. En ese momento de la historia, el sentido político de sus décimas emergió subliminarmente, enmascarado por la música de la pura poesía campestre. De otra manera no habrían sido aceptadas por un periódico de tan reaccionario españolismo que no daba cabida a los intentos de reflejar la identidad cubana.

Junto al bayamés José Fornaris, fundó en 1850 el movimiento poético  siboneyista. Fue Fornaris quien denomina indirectamente la tendencia,  con un libro que tituló Los cantos del siboney. Sin embargo, es el Cucalambé quien se convierte en la voz más alta de esa línea de la poesía cubana. Él fue el definitivo incorporador de la décima como instrumento de la poesía popular campesina de Cuba, pero su vasta formación no ignoraba a los clásicos latinos ni la poesía española del Renacimiento y el Barroco.

Refiriéndose al Cucalambé, el artista Samuel Feijóo expresó en una ocasión: “… superó las recibidas fuentes, tomando cuanto pudo del ambulante folklor, para transformarlo a su manera juguetona, infantil, y ornada de hojarasca, moviéndose fácil por su natural aire campesino”. Por ello recordemos otro de los textos del hombre de pluma puramente cubana.

“Amo a mi hogar, no me arredro
amo a mi rústica joya
como adora la bayoya
la hueca raíz del cedro.
En el trabajo, en el medro,
en él cantando suspiro
y cuando del sol admiro
los moribundos reflejos
me gozo oyendo a lo lejos
las canciones del guajiro”.

Con cubanía y exquisitez mostró a través de sus versos los detalles del campo, del guajiro, del cubano jocoso. Sin lugar a dudas, representa un honor para los hijos de este pedazo de tierra tunera, conservar el título de la fiesta campestre que rescata las más autóctonas tradiciones culturales bucólicas de la isla.

Por Liliana Guerra Abad

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