…a la Luna

La mujer asume día a día diferentes retos. Si la cotidianidad le impone  desafíos adicionales,  esa fémina tiene que crecerse… hasta el cielo. Así es el parecer de esta reportera cuando conoció a Arlines Ochoa Costa, una tunera que tiene el desafío de  llevar adelante una familia integrada por dos hijos y una madre que padece demencia senil.

Su más pequeño, de siete años, resulta excepcional para ella: “Ernestico para mí es un niño especial. Desde pequeñito lo asisten en diferentes instituciones, como en el Centro de Neurología de Cienfuegos, donde lo atienden muy, pero que muy bien”, -afirma Ochoa Costa al referirse a los tratamientos que recibe su hijo.

Debido a un mal proceder en el parto, Ernesto el retoño más pequeño, nació con secuelas neurológicas que privaron su locomoción y el habla.  Sin embargo, la perseverancia de su madre en la realización de ejercicios de terapia, ha logrado avances como sentarse con apoyo, pararse con ayuda, articular algunas palabras como “Erne”, agua, mamá…

Pero Ernestico no es el único hijo de Arlines que requiere de atención,  Alejandro, es un adolescente que estudia viola en la Escuela de Arte El Cucalambé de Las Tunas. Desde pequeño tuvo que arreglárselas para ir solo a al centro escolar, porque su madre requería de atender al hermano menor.

Todos, absolutamente todos, dependen del cuidado de una mujer que avanza, aunque a veces tenga sentimientos fugaces de depresión.  Ernestico es la mayor inspiración. El anhelo de verlo dar pasos le insufla oxígeno y hacia ese resultado camina.

“Si yo supiera que allá en la Luna hay un centro de rehabilitación…hasta allá yo voy”.

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Damaris Zamora Escanell

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