A 66 años de la gesta heroica del Moncada

Al rememorar los días gloriosos de los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, es justo mencionar un documento alegórico a la fecha, que nació fruto de la claridad del genio que lideró a los jóvenes que participaron en el combate. La Historia me Absolverá, texto nacido en los albores de la segunda mitad del siglo XX  fue  el vehículo más efectivo para lograr reagrupar a la generación  comprometida en la organización del movimiento revolucionario en Cuba, en aquel momento.

La proyección del Programa de la Revolución expresado en el alegato de Fidel Castro en el juicio por el asalto al Moncada, hoy se hace realidad, aunque fue trascendido desde los primeros años de la Revolución. Las bases para desarrollar un programa socialista estaban enunciadas en La Historia me Absolverá.

Al cumplirse, 66 años, próximamente de aquel gesto heroico protagonizado por un puñado de jóvenes, es imprescindible rememorar lo que escribió el máximo líder de la Revolución Cubana, cuando estaba siendo enjuiciado por esos hechos.  Fidel se mantuvo firme ante la condena enfrentando con inteligencia a los enemigos de la libertad. Siempre con frases que perduran en nuestra historia como esta que hizo saber al mundo, a través, de una carta que leyó Melba Hernández, en la sesión tercera del juicio oral del 26 de septiembre de 1953: un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.

 Con el alegato se trataba de romper de una vez y por todas con el cerco mediático que desde entonces existía, amparado por los Estados Unidos para que no se conociera la verdad sobre los hechos del Moncada.

La conjura del silencio, la censura de prensa, la ley de Orden Público, y todas las mordazas posibles que la dictadura puso en práctica, estaban dirigidas a esconder los crímenes cometidos el 26 de Julio, y en días sucesivos, contra los asaltantes y de igual modo,  los verdaderos postulados de la revolución a la cual los heroicos combatientes aspiraban.

También se habría de publicar sin medias tintas que los “moncadistas” no habían recibido dinero a manos llenas de nadie, ni un centavo, sino que humildemente la acción la habían costeado los propios combatientes. Suceso auspiciado en aras de la soberanía de un pueblo.

“Sí, vinimos a combatir por la libertad de Cuba y no nos arrepentimos de haberlo hecho”, decían uno por uno cuando eran llamados a declarar, e inmediatamente, con impresionante hombría, dirigiéndose al tribunal, denunciaban los crímenes horribles que se habían cometido en los cuerpos de nuestros hermanos.

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Yelenis Fernández García

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