Símbolo de las madres cubanas

En un breve recorrido por la casa de Antonio Maceo, en Santiago de Cuba constaté la grandeza de las palabras de José Martí sobre Mariana Grajales, la madre de la patria.

Nuestro Héroe Nacional inmortalizó la leyenda y la historia de esta mujer inigualable, cuando narró para todas las épocas el heroísmo y la entrega de la madre amantísima, destacada en la retaguardia mambisa. Con la tumba recién abierta de uno de sus hijos, con dos de ellos heridos graves y Antonio herido en el pecho, ensangrentado y moribundo, en medio de la desesperación y el llanto de quienes le acompañaban, no solo supo exigir sosiego y salvar al Titán, sino que con todo el dramatismo del momento, dirigiéndose a su hijo Marcos, aún muy joven, le replicó: “!Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento!”

 Santiago de Cuba, el 27 de noviembre de 2018. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JUSTIZ/

La entereza, la rebeldía y el amor por la patria fueron valores que heredaron los Maceo de su madre Mariana Grajales Coello, quién nació en Santiago de Cuba hace 204 años, un 12 de julio de 1815.

Hija de mulatos libres se unió en segundas nupcias con el campesino cubano Marcos Maceo, licenciado del batallón de pardos del Ejército español en Santiago de Cuba. Ella fulguró como esposa y madre de mambises del temple de su esposo con quién tuvo a Antonio, José, Rafael, Miguel, Julio, Tomás, Marcos, Dominga, y Baldomera Maceo Grajales. De su primer matrimonio a Felipe, Fermín, Justo Germán y Manuel Regüeyferos Grajales.

Todos en su conjunto alcanzaron 55 grados militares y partieron de la condición de soldados rasos, y bala a bala, ascendieron a los más altos mandos en la oficialidad del Ejército Libertador.

“Con manos de niña para acariciar a quien le habla de la patria” describiría José Martí a esta mujer de sagaz inteligencia y extraordinario temperamento, quién se convirtió en leyenda para todo el pueblo cubano y un ejemplo a seguir por las madres de esta nación.

No hay duda alguna que Mariana es sinónimo de vanguardia sobre el ostracismo que la preponderancia masculina y el racismo imponían. Así define la doctora Leyda Oquendo Barrios. De forma natural, hizo trizas el cerco de la doble discriminación, para estar presente una y otra vez como patriota y símbolo de lo que es capaz de hacer la mujer por sus ideales.

En el rigor de la contienda perdió al esposo y a la mayoría de sus hijos. Y cuando se firma la paz del Zanjón, Mariana alentó la rebeldía indomable del General Antonio en la histórica Protesta de los Mangos de Baraguá. Al comprender que por el momento no se podía continuar la lucha armada, decidió marchar al exilio. Allí también hace historia al convertirse en el símbolo del exilio patriótico e inclaudicable. Allí pasó sus últimos años Mariana Grajales, quien nunca más volvería a ver a Cuba. Aunque su cuerpo fue devuelto a su ciudad natal en Santiago de Cuba y sepultado en el Cementerio Santa Ifigenia el 24 de Abril de 1923.

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Yelenis Fernández García

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