Líneas de gratitud y añoranza

Conocí a Carilda Oliver Labra a través de un periodista amigo suyo, a finales de la década de los ochenta, en Matanzas y me pareció tan especial, que creí tenía que haberlo hecho desde mucho antes. Cuando comencé a leer su obra, la fascinación fue tal que desde entonces, quise aprovechar cualquier encuentro para acercarme a ella, pero fue infructuoso. Estudiaba entonces  periodismo y nunca logré hacerle una entrevista, aunque fuera con el sello de “simple estudiante”.

A partir de entonces, la manera en que estuve cerca fue a través del  regalo de su amigo -amigo en lo personal  también-: la reedición de “Al sur de mi garganta” por Ediciones Matanzas, y una foto original hecha a la escritora, de los archivos del periódico Girón.

Y es que Carilda se conoció más por la poetisa excepcional, que por sus labores en la abogacía, de maestra o, como directora de Cultura en Matanzas, por solo citar algunas. Fue más que una mujer enamorada  “…cuando voy en tu boca, demorada; / y casi sin querer, casi por nada, / te toco con la punta de mi seno.” Escribió también a la familia, a la tristeza, al desamor, a la patria: “Ese Fidel insurrecto / Respetado por las piñas, /  novio de todas las niñas / que tienen el sueño recto…”

Hace alrededor de una década estuve a punto de ver materializado uno de mis sueños de profesión: la entrevista a Carilda que tanto deseé en mi etapa de estudiante de periodismo, cuando mi compañera que abarca el sector cultural tuvo otras responsabilidades que cumplir y me asignaron la cobertura de la presencia de la escritora en Las Tunas.

Preparé celosa y rigurosamente el cuestionario por más de dos días. Quería que todo saliera lo más natural y sencillo posible, pues sabía de sus cualidades, y como coterráneas, iba a ser un punto a mi favor a la hora de un  acercamiento. Acomodé en mi mente la entrevista en el set…pero todo quedó en mi mente, solo en mi mente, pues la poetisa se lastimó un pie y regresó de inmediato a su casa en Tirry, número 81.

El 29 de agosto solo fue un día de alejamiento de los suyos, muchos saben que millones de personas la van a seguir admirando y queriendo. Ya no le haré una entrevista, sino unas notas de agradecimiento para decir que  personas como ella  nunca dicen adiós, ni a los treinta, ni a los sesenta ni a los noventa años: “Adiós, verde placer, falso delito; / adiós, sin una queja, sin un grito. /Adiós, mi sueño nunca abandonado”.

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Damaris Zamora Escanell

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