Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. Así reza un antiguo proverbio hindú que es acertado en la definición sobre el noble hábito de la lectura.
Los libros sólo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles, manifestó el escritor suizo de origen alemán, Hermann Hesse; además como específica otro refrán árabe los textos son caminos y días que dan al hombre sabiduría.
La lectura es una actividad absolutamente humana, que nos permite, gracias a su realización y puesta en práctica, por ejemplo y entre otras cosas, interpretar una poesía, un cuento, una novela, eso en cuanto a lo estrictamente literario, pero también a la lectura le deberemos la posibilidad de interpretar señas, movimientos del cuerpo, dar o recibir enseñanza.
Para el filósofo británico Francis Bacon algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos. Una frase anónima asegura que: El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio. En opinión de la poetisa estadounidense Emily Dickinson para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.
En Cuba a esta actividad se les da una importancia especial, así lo ratifica cada año la Feria Internacional del Libro que se desarrolla primero en la capital de las Isla y después en cada provincia con masivas participaciones de toda la población.
En esos espacios el público cubano tiene a su disposición textos para escoger, teniendo en cuenta las diferentes edades y gustos, pero donde, sobre todo, prima indiscutiblemente la calidad de las publicaciones.
No hay mejor regalo que un libro. De este se ha hablado mucho, pero su valor espiritual es incalculable. Alfonso Quinto el Magnánimo, Rey de Aragón, sentenció:”Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer”. Así mismo sentenció la escritora estadounidense Harriet Beecher Stowe:”Los libros no se han hecho para servir de adorno: sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos en el interior del hogar”.
En condiciones normales, una persona puede leer hasta 250 palabras por minuto, en tanto, cuando se encuentra con un texto ambiguo o con alguna parte que no termina de entenderse, los seres humanos echan mano de las regresiones, que son sacadas en sentido contrario al de izquierda a derecha que generalmente se usa para leer. Es por eso que es tan necesario estimular este hábito entre las personas, en aras de fortalecer la personalidad y cultivar una cultura general que le permita la intercomunicación con sus semejantes.
Por Yelenis Fernández García

