Ecos del fin de año

El 31 de diciembre salí con mi hija Violeta por las calles de Las Tunas cazando muñecos materializando el 2017 en sus últimos intentos.

El año viejo es un monigote que representa básicamente el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de paja o aserrín, para ser quemado a la media noche del 31 de diciembre. En un gran número de países latinoamericanos, desde México hasta Uruguay, esta tradición cultural se practica aunque la costumbre está más arraigada, desde el punto de vista popular, en Ecuador y Colombia.

Nosotras,en busca de la expresión cubana de esta tradición en nuestra provincia, hallamos de diversos tamaños y facturas pero llamó mi atención que algunos se parecían a sus dueños. Eso sí, la mayoría portaba, entre sus manos, botellas de rones caros o baratos, de cerveza y había uno con par de maltas y otro con un cubano tabaco. Casi todos tenían gafas y gorras parece que presentían el frio de enero y estaban protegiéndose de los últimos haces del que pronto sería un viejo sol, un recuerdo.

Violeta salió un poco escéptica en algunas fotos como, si desde su inocencia, no quisiera regodearse mucho con los últimos guiños del año viejo. En cambio resistió hasta las doce de la noche y presenció, sonando una cuchara contra un jarro, la quema del muñeco de mi barrio que demoró bastante. La vecina que lo hizo junto con su sobrino Julito decía:-Uf, duro el 2017, no quiere irse! Y yo disfrutando de la gracia popular al son del improvisado tambor hasta que se consumió el difunto y fue barrido con sus alegrones y sus dolores a buscar su sitio en la inmensidad.

Al día siguiente compartiendo con los muchachos del callejón le digo a mi vecinito Ariel:-Viste al muñeco, igualito a Julito. Y me contesta:-Más lindo que Julito dirás tú. Mejor hubieran quemado a Julito y perdían poco y ganaban más. Esta criatura, de ocho años, sacó mi primer carcajada del 2018, no imaginé tan pronta conclusión de humor negro.

Cerca del Centro de la Música encontramos uno y me dice el hombre:-Viste, este está vestido de nuevo. Y le digo:-Sí, parece que le fue bien en este año y quiere terminar por todo lo alto. Verdaderamente tenía una camisa que competía por blanca con cualquier coco y llamaba a un bautizo.

En total supimos de ocho, vimos siete y fotografiamos cinco. Lamentablemente se escapó de la posteridad uno de la calle Martí, excelente imitación de Ruperto, el personaje del programa humorístico Vivir del cuento,con un cartel repitiendo su frase típica: Las tengo apululu.

Pero parece que hay a quien le coge, bien vago, el fin de año pues la madre de una amiga mía me contó que,  allá en el campo donde ella vive hicieron, con ayuda de los niños, un muñeco con todas las de la ley pero se lo robaron, luego andaban todos indignados pues los muchachos habían trabajado mucho y estaban entusiasmados con el resultado, como con un juguete nuevo ; pero emprendieron y armaron otro, no tan bueno como aquel, pero lo lograron.

Como podemos leer  hasta el último momento nos está dando sorpresas el candidato a año viejo. Esperemos que el 2018 nos deje ser parte de su candidatura, hasta el fuego final, mientras, vamos sonándole bien duro el tambor a la vida hasta alcanzar el toque 365.

Fotos de la autora

Por Tahaní Martínez Rivero

 

 

 

 

 

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