Cuando tenía 8 años comencé a leer, por primera vez la obra martiana, La Edad de Oro, de José Martí y desde la misma dedicatoria me impactaron aquellas palabras regaladas a los niños y las niñas del mundo. Yo me sentía parte de libro, descubría en cada historia un nuevo personaje, más interesante que el anterior. Hoy, esos atrayentes textos se los leo a mis hijos de 4 y 6 años para que aprendan a ser hombres y mujeres de bien, como dijera Martí.
“Para eso se publica La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy (…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros”.
Releyendo sus páginas descubro que precisamente fue el primero de julio de1889, cuando apareció por primera vez esta publicación. De esta revista mensual de recreo e instrucción publicada en Nueva York, solo salieron cuatro números, con 32 páginas. Los bellos grabados e ilustraciones que contiene quedaron para la posteridad.
Sin duda alguna, el Apóstol se entregó con amor a esos textos y logró transmitir un mensaje universal. En sus cuentos, poemas, versos y artículos inspiró su recio ideario anticolonialista, el amor por la gran patria latinoamericana, la devoción por la justicia, la verdad y la belleza.
Además los cuentos de los Tres héroes, Meñique, Los dos príncipes, Nené Traviesa, El Camarón encantado, La muñeca negra o Los dos ruiseñores cautivan a todos por igual, sin importar la edad que se tenga. Es así que crecimos con el poema Los zapaticos de rosa, ese que escuché recitar, con lágrimas, en los ojos, en la actividad del fin de curso del círculo infantil donde cursa estudios mi niña. Estos legados que recibimos desde pequeños nos sirven para toda la vida.
La Edad de Oro es, un libro que al decir del doctor Salvador José Arias García, especialista del Centro de Estudios Martianos, la perennidad de este libro —que ocupa un lugar prominente en las letras cubanas—, está dada en primer lugar porque “Martí quiso hacer esta obra para el futuro; él pensaba, en su proyecto cultural y revolucionario, que hablar a los niños, convencerles, transmitirles ideas iba a garantizar el porvenir. Pues muchos de los temas que trata poseen una vigencia tremenda”.
Todos los que quieran ser hombres buenos, deben leerlo; y los que tenemos la responsabilidad de educar a nuestros hijos, en el camino de la verdad y el amor, debemos no solo leerle la obra “La Edad de Oro” a los niños, sino poner en práctica, esos maravillosos consejos que da Martí, para el trato con nuestros semejantes.
Por Yelenis Fernández García

